Mar, montaña y un encuentro interesante!

Es 21 de Octubre y seguimos en Pucón, Chile. Hace poco tiempo que estamos en el país y nos ha sorprendido el cambio tan repentino que ofrece el paso de Mamuil Malal. Venimos viendo interminables paisajes de pasto donde los animales pacen directamente sin necesidad de tener que subir montañas, ni caminar mucho. Entramos en una Región boscosa con una cantidad de arboles tal, que le transporta a uno hacia tierras selváticas donde estos animales en lugar de grasa tienen músculos debido a tanta caminata.

Como pronto será día 22 y el Nachete nació este día, hemos decidido aprovechar la ocasión de estar en casa de alguien conocido como es Santi, el primo de Gonzalo para poder pasar esta fecha en un entorno más familiar y así poder celebrar el cumpleaños.

Somos buenos amantes de la gastronomía, y debido a que hemos sido tan afortunados en nuestro camino que nos han brindado con infinidad de asados allá donde hemos ido, este día especial, queremos darnos un caprichito y decidimos encargar sushi para deleitarnos. Mientras damos un paseo por el centro, dedicamos tiempo a cambiar dinero para poder tener pesos Chilenos y Nacho encarga 120 piezas de sushi en un restaurante del centro para invitarnos a todos a comer en este día especial. Vemos que hay muchísimos comercios grandes, la mayoría fruterías y verdulerías, nos encargamos de preguntar a los encargados si tienen comida que no puedan vender a los clientes y que nosotros podamos reciclar. Es una buena manera de ahorrar dinero en un viaje tan largo como el nuestro y además contribuimos a que no se desperdicie tanta comida en el mundo y también así poder concienciar a los dueños de estos lugares a que no hay que tirar tanta comida.

Ya estamos de vuelta en la casa de los primos y cada cual nos dedicamos a hacer cosas que tenemos pendientes y que son difíciles de hacer cuando uno esta en ruta y tiene otras prioridades. Unos reparamos las bicicletas, otros editan los videos, limpiamos ropa y poco a poco vamos pasando la tarde hasta que se acerca el cumpleaños. Por la noche cenamos todos en familia, cantamos el cumpleaños feliz, le damos un par de regalitos al Nachete y dedicamos el resto a hablar y reír contando batallitas y bebiendo cerveza.

A la mañana siguiente, Alba, la novia de Nacho, tiene una sorpresa preparada. Ha intentado juntar a todas las personas que conocemos, tanto familia, amigos, conocidos y toda la gente que hemos ido conociendo por el camino para que hicieran pequeños videos de felicitación para luego editar un video completo. Son muchas las emociones y surgen unas cuantas lagrimas inesperadas.

Nuestra intención es partir por la mañana temprano y proseguir con nuestro camino, pero va a ser difícil porque está lloviendo muchísimo y tenemos un poquito de resaca de anoche.

Nos disponemos a seguir nuestra ruta, cuando algo inesperado surge. A 20km de Pucón , se encuentra Villarrica, un lugar en el que no tenemos pensado parar pero Karen, la aduanera que nos había atendido en el paso fronterizo y nos había pedido nuestro Instagram, nos escribe un mensaje privado invitándonos a pasar un par de días en su casa. Así que, sin pensárnoslo dos veces, nos vamos a Villarrica a pasar unos días.

Ya una vez en casa de Karen, la noche dedicamos a cenar con ella y Anita, ambas trabajadoras del SAG en la aduana y encargadas de que la gente no pase productos de un país a otro que puedan ocasionar algún tipo de desastre medioambiental, tanto para la fauna como para la flora.

Hace ya un tiempo que no dormimos en una cama convencional y por la mañana todos dormimos hasta pasadas las once. Cosa que es de agradecer cuando no tienes prisa por salir al día siguiente y te puedes permitir el lujo de estar tranquilo.

Por la tarde, juega la U (Universidad de Chile) contra Antofagasta. Dos rivales muy conocidos aquí en Chile con mucha afición y que van a disputar la semifinal de la copa libertadores. Karen, que es una hincha devota de la U, nos invita a ver el partido con ella acompañados de unas cervezas. Resulta que este partido lo gana Antofagasta por 1-0 pero como era de ida y vuelta los clasificados son los de Universidad por lo tanto, es un buen día para todos.

Después de unos cuantos días haciendo vida totalmente normal y no de ciclista, es hora de pensar en retomar nuestro rumbo y volver a las andadas. Han sido unos cuantos días llenos de emociones, en las que no solo hemos compartido con la gente que nos hemos encontrado por el camino, sino que también hemos tenido la oportunidad de sentir la calidez de estar en una casa y así poder transportarnos a nuestros hogares. Cada vez son más personas las que estamos conociendo por la ruta, con las que compartimos demasiadas emociones en poco tiempo. Todos coincidimos en que empieza a ser mucho más duro esto de tener que despedirse casi todos los días de alguien, que te ha dado tanto en tan poco tiempo y que sabes que probablemente nunca más volverás a ver.

Nos despedimos de las chicas y volvemos a darle al pedal. Tenemos 57 km por delante hasta Freire.

Comienza con una subida de 300 m bastante liviana y el resto es todo llano. La carretera tiene un pequeño arcén y hay muchísimo tráfico. Estamos atravesando la ruta 5, famosa por la cantidad de camiones madereros que hacen este trayecto absortos por la necesidad de llegar a su destino cuanto antes, que no son conscientes de lo peligroso que es para nosotros y no hacen ningún tipo de favor al pedaleo.

Son las 17:30 y estamos en Freire, pero no tenemos sitio dónde dormir. Hemos buscado en Ioverlander un lugar para acampar en una Copec, las estaciones de servicio que hay en Chile, pero para poder llegar al lugar, tenemos que hacer 2km de autopista. Es la primera vez que circulamos por un lugar semejante y la verdad que acojona mucho escuchar a cada instante coches detrás de ti, acercándose a la friolera de 100 / 120 km por hora, el que menos. Para colmo, cuando llegamos a la estación, nos comentan que hace tiempo, dejaban acampar a los viajeros, pero que debido al mal estar de los clientes ya no era posible pasar la noche ahí, pero que podíamos preguntar al frente de la autopista, en un lugar habilitado para pasar las noches los camioneros. Esta vez tenemos suerte y nos dejan dormir por fuera del muro que rodeo el recinto y nos dan la posibilidad de usar los baños si queremos. Hoy, toca dormir con el dulce y acogedor canto de los motores que atraviesan la autopista.

Salimos del estacionamiento pronto por la mañana porque a todos nos ha costado dormir con semejante ruido. Son las 10 y estamos rumbo a Peleco. Antes de salir de Freire, hacemos un poco de reciclaje y conseguimos pan, fruta y algo de verdura. Tenemos 49 km hasta Teodoro Schmidt y el camino es muy bonito. Hay mucha vegetación, tenemos pocas subidas además de ser todo asfalto y el viento corre a nuestro favor.

Llegamos a una comuna de Teodoro que esta a 10 km antes de llegar y cuando estamos cruzando por la carretera con la intención de buscar un sitio para comer algo y proseguir camino, aparece una mujer que nos grita desde la acera de enfrente. –Oye, de dónde son ustedes?. –Pasen por mi casa a tomar un cafecito nomas.

Y sin decirnos siquiera una palabra, los cuatro damos media vuelta y volvemos unos metros para ir a la casa de la señora, porque si algo nos ha enseñado este viaje, es que cuando la gente te ofrece su hospitalidad, por muy apurado que vayas, por muchas cosas que tengas en la cabeza, aunque no te apetezca hablar con nadie en ese momento, siempre tienes que ser cordial y decir que sí a las invitaciones porque siempre te deparan momentos, sensaciones o experiencias únicas.

La mujer es una soltera de 46 años llamada Gloria que tiene un proyecto para montar un pequeño hostal dentro de su casa y así poder hospedar a todos los viajeros que pasen por la zona. Sin siquiera pedírselo, nos prepara café, pan, galletas y unos jugos de frutilla, arándanos y demás frutas, que nos saben a teta después de pedalear bajo los rayos de sol. También nos enseña toda su casa, las habitaciones que tiene preparadas para la temporada que está por venir y las fotos de sus dos hijas, por cierto preciosas, que muestra con un brillo en los ojos que solo una madre desprende cuando habla de un hijo.

 

Tras casi una hora, proseguimos rumbo Peleco, tenemos 17km solamente por delante pero lo bueno se tiene que acabar algún día y después de un buen día aparece nuestra peor pesadilla, el ripio.

Es un camino precioso que cada vez nos acerca más y más a la costa…y qué costa! Estamos muy cerca de llegar al Pacífico y estamos ansiosos por conseguirlo. Pero estos kilómetros son jodidos, todo el rato hay subidas y bajadas y el camino no está en muy buen estado, lo que hace que en una de las cuestas, la mayoría de nosotros caiga de la bicicleta y no pueda seguir, solamente empujar la bici y sudar la gota gorda. Pero después de tanto sufrimiento, por fin llegamos a la deseada costa.

 

A pocos kilómetros de llegar a Peleco, conocemos a una familia Mapuche ( pueblos originarios amerindios que habitan principalmente en el Sur de Chile y Argentina) llamados Luis y Rosa, que están con sus dos hijos recogiendo Nalcas. Unas plantas de hojas enormes con las que se hace el famoso Curanto, que se utilizan sus tallos para comer con sal. Tras hablar un poco con ellos y contarles nuestra historia, nos invitan a dormir en su casa, que está a pocos kilómetros de la costa. Una vez en casa, nos dejan su galpón ( nombre que se le da a los talleres o garajes en la región) para dormir y nos invitan a comer un poco de pan casero con ají. Es una familia de campo con pocos recursos y escasas palabras. Les cuesta mucho entablar una conversación si no es con monosílabos pero poco a poco nos entendemos y contamos nuestras historias. Esa noche dormimos bajo techo y la verdad que el camino nos vuelve a iluminar con la estrella del ciclista, porque durante la noche llueve como si el mundo fuese a terminar en ese instante. Mañana solamente tenemos 36km por delante y un destino, Puerto Saavedra.

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2018-03-04T05:00:38+00:00