Sacrificio Mapuche.

Nos hemos despertado en la casa de Luis y Rosa, junto a su familia con la que pasamos ayer una tarde maravillosa compartiendo muchísimas experiencias. Por la tarde nos dimos el capricho de ir a visitar el Pacífico, que queda a menos de un kilometro de la casa en la que estamos y hoy, a pesar de que está lloviendo, somos conscientes de que tenemos que seguir nuestro camino.

Nos levantamos muy pronto por la mañana y preparamos nuestra especialidad de la casa para el desayuno; avena con agua caliente, un poco de fruta que tenemos de hace unos días y mermelada de fresa que traemos desde el Bolsón. Es una comida un tanto monótona pero en cuanto le pillas el truco sabe deliciosa y además te da mucho power para pedalear.

Comenzamos el pedaleo y a escasos dos kilómetros desde que hemos salido se nos viene una tormenta bastante heavy. A medida que vamos pedaleando, vemos como el cielo se va cerrando delante de nuestras narices y lo que antes era un cielo abierto de un color azul radiante, comienza pronto a convertirse en un negro abrumador que nos hace plantearnos si verdaderamente seguimos por buen camino o nos hemos confundido y estamos yendo dirección Mordor. Efectivamente en menos de un minuto comienza a granizar y a llover como si no hubiese un mañana. Paramos en una caseta a ponernos nuestras vestimentas para el agua y decidimos seguir conscientes de que el temporal no va a amainar.

Estamos en dirección Pto. Saavedra y solamente tenemos 37km por delante, pero el inconveniente de estos kilómetros es que no son de asfalto sino de ripio, por lo tanto nos va a costar bastante llegar al destino deseado. A todo esto tenemos que sumarle que dentro de este camino tenemos muchísimas subidas y bajadas que hacen que todavía pedaleemos mucho más lentos.

Son aproximadamente las dos de la tarde y exhaustos de tanta subida decidimos parar a comer algo para hacer los últimos kilómetros que nos faltan. Hoy, en el menú, tenemos un poco de aguacate con pan y huevos duros que nos han regalado Luis y Rosa de sus gallinas.

Cuando estamos a punto de llegar a nuestro destino, solamente nos falta una bajada pronunciada que nos lleva al lugar deseado. Antes de comenzar a descender nos ocurre una cosa bastante curiosa, no por la situación en concreto, sino por lo que vendrá más adelante y nos acompañará por el resto de nuestro camino. Mientras íbamos pedaleando, se nos para un coche al lado nuestro con un matrimonio y los padres de ella. Resulta que son Guillermo y Mimi, que entusiasmados por la forma de viajar que tenemos nos regalan un zumo de limón y una torta frita a cada uno, pero además nos invitan a que si pasamos por Concepción, no dudemos en contactar con ellos para ir a su casa a pasar unos días.

Por fin estamos en Puerto Saavedra. Decidimos hacer un poco de reciclaje por el pueblo y aprovechar para preguntar a la gente local dónde podemos pasar la noche con nuestras tiendas de campaña.

El reciclaje se ha dado bastante bien. Nos han dado; longaniza, carne, dos muslos de pollo que parecen de canguro, aguacates, tomates, pan y alguna otra cosa más que se me escapa de la memoria. Y además, nos han comentado que en este lugar hay un sitio al que llaman Los Pinos donde es posible acampar gratis, estar al abrigo del temporal por la cantidad de pinos que hay y además dispone de parrillas para poder asar la carne que llevamos. Vamos, todo un lujo para un cicloturista!

Cuando creíamos que teníamos todo planeado y perfectamente estudiado, el temporal vuelve a empeorar. No contentos con esto, nos dicen que la tormenta no va a parar en toda la noche y que va a ser muy dura, lo que nos lleva a pensar que si dormimos en el lugar que tenemos previsto quizás no estemos tan seguros como pensamos. Nuestra segunda opción, es ir a preguntar a los Bomberos de la zona, puesto que tenemos sabido por muchos otros ciclistas que por lo general son lugares en los que los viajeros somos bien recibidos. Para nuestra sorpresa, no tenemos suerte. Pero nos comentan que hay un camping más adelante llamado El Triángulo en el que si preguntamos al hombre quizás nos deje un lugarcito para dormir ya que estamos fuera de temporada.

Estamos buscando el lugar y seguimos pedaleando con una sensación de cansancio, humedad y ganas de parar a descansar, cuando de repente un hombre nos llama a que nos acerquemos a su casa. Su nombre es Leo, y al vernos ha sabido interpretar nuestras necesidades; un lugar donde poder pasar la noche, una ducha caliente y un poco de conversación. Él, que hace unos años también fue cicloturista nos invita a pasar la noche en su casa ya que ni su mujer ni sus hijas están en ese momento.

Como disponemos de cocina, cenamos tortilla de patatas, arroz con pollo, verduritas y caldo de pollo. Leo trae unas cervezas y un vinito y tras cenar como reyes y charlar un rato, hoy, toca dormir en cama.

Al día siguiente, como siempre que paramos en algún lugar a descansar, nuestra intención es seguir con nuestro camino pero para colmo otra vez está lloviendo a mares y nos es imposible salir con las bicicletas.

De repente nos suena el teléfono, son Karen y Anita, las dos trabajadoras del SAG que nos habíamos cruzado anteriormente en el paso Mamuil Malal, están de paso en Saavedra y quieren vernos un rato.

Como Leo es el encargado de deportes en el pueblo, esta tarde, debido a que se juega la final de futbol rural entre Villareal y Celeste, tiene que ir a presenciar el partido para la posterior entrega de premios. Así que nos invita a acompañarlo. El torneo se juega por la tarde, por lo tanto decidimos ir a dar una visita guiada de la mano de nuestro compadre por el lago Budi. Durante la excursión, Leo nos lleva al cerro Mesa, un lugar con mucha historia, en el cual se cuenta que en Junio de 1960 se llevó a cavo un sacrificio humano.

Todos nos quedamos boquiabiertos escuchando historias de este lago que además de ser precioso está lleno de historia y cultura. Aquí os dejamos unas pocas de las muchas palabras que aprendimos sobre la cultura Mapuche. Mapu; Tierra. Che; Gente. Xaltumay; muchas gracias. Piuke; Corazón. Marri Marri; Hola.

Después de semejante visita guiada por la zona, nos vamos a casa donde preparamos una comida rápida y quedamos con Ana y Karen para ir a ver el partido todos juntos. En cuanto llegamos al campo, ni siquiera podemos aparcar de tantos coches que hay, es un entorno tan rural que no hay nada habilitado para dar facilidad a los coches a llegar al lugar y tampoco hay un sitio específico dónde poder ver el partido. Lo más preparado que hay es un garaje abierto de unos 100 metros cuadrados con un escenario para las bandas locales dónde se preparan los asados populares después de los partidos. Pero a pesar de todo esto, en el ambiente ruge el calor de los aficionados que animan a sus equipos hasta quedarse sin aliento. Después de hora y media de lucha constante bajo la lluvia, el barro y el sol, el ganador del torneo es el Villa Real con un resultado de 2-1.

Durante los siguientes días, la tormenta que azotaba las costas del Pacífico nunca cesa y tenemos que estar tres días más metidos en casa de Leo retomando fuerzas, arreglando las bicicletas, parcheando las cubiertas y trabajando en nuestras redes sociales.

Es día uno de Noviembre y por fin ha parado de llover y podemos salir de esta rutina que nos estaba carcomiendo por dentro. Nuestra siguiente parada es Tirúa y tenemos 70km hasta llegar desde Saavedra. Supuestamente 20 de estos kilómetros son de ripio y el resto es asfalto. Comenzamos con un rico asfalto hasta Trampuente y ahí comienza el ripio. Son todo subidas y bajadas bastante heavies que hacen que alguno de nosotros tenga que bajarse de la bici y empujar con las manos… Imagino sabréis quién fue el afortunado. El resto del camino se hace bastante pesado y todos estamos un poco exhaustos. Paramos a comer unos pancitos con queso, tomate y aguacate y a refugiarnos del sol que está pegando tan fuerte que nos chupa la energía en cada pedalada. Por fin llegamos a Tirúa, a las 8:20 de la noche. Hemos estado pedaleando aproximadamente 6h y 15minutos y no damos más de si.

Leo es encargado de deportes en la municipalidad y nos ha conseguido un contacto aquí, Francis, también encargado de deportes que tiene un lugar preparado para que podamos pasar la noche. Estamos en la Iglesia Católica y conocemos a Gastón, el encargado de ésta. Juntos charlamos un rato y quedamos en ayudarle con una construcción que tiene en el campo y necesita terminar.

Los siguientes días nos sentimos muy arropados por el calor de la gente de Tirúa, el primer día nos conciertan una cita con Adolfo, el primer alcalde Mapuche de la región que nos atiende a la perfección y nos explica de una manera mucho más cercana cuál ha sido hasta ahora el conflicto que hay con su pueblo y demás problemas que ha habido en la zona. También charlamos con Valentina, la periodista del pueblo que nos hace una pequeña entrevista y con Francis, que nos presta un drone que tiene con el que hace todas las grabaciones de la municipalidad para que lo utilicemos con las bicicletas.

Es tanta la amabilidad que nos ofrece este pueblo que estamos en deuda con él, es por eso que decidimos ayudar a Gastón a construir su Quincho para los asados. Con él y su familia pasamos los siguientes dos días entre construcción, risas, cervezas y unos cuantos asados espectaculares.

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2018-03-04T04:59:50+00:00