En bicicleta por “Los siete lagos”, Argentina

Nos hemos despertado en la Lago Correntoso, parte sur. Debido a que en Villa La Angostura habíamos tenido suerte con esto del reciclaje, esa mañana desayunamos unos dulces marroquíes del día anterior, medias lunas y unos huevos dulces con banana especialidad de Jordi el de Rocafort.

Son las 11:30 de la mañana y tenemos toda la parafernalia preparada para partir cuanto antes cuando Nacho, inesperadamente, se da cuenta de que ha pinchado la rueda trasera. Es algo que estamos acostumbrados a hacer habitualmente, pero debido a la falta de costumbre mezclada con un relax total de la primera semana de pedaleo, terminamos de reparar el pinchazo a la una del medio día.

En este tramo de los siete lagos, queremos ir desde el lado sur del correntoso hasta el lado norte. Para ello, tenemos que hacer 27km, pasando por el lago Nahuel Huapi, el lago espejo y bordear toda la costa oeste del correntoso. El camino de este tramo, al igual que todo el paseo por los siete lagos, es muy agradecido porque es todo asfalto, las vistas son hermosas y no hay demasiadas cuestas sufridas.

Llegamos al camping los Siete lagos. Es un camping regentado por una familia de gauchos y la “dueña” del lugar, es la abuela de todos. Tras hablar un buen rato con ella, con su nieto Andrés y con uno de sus hijos intentando convencerles de que estábamos fuera de temporada, que solamente vamos a pasar la noche y que somos personas tranquilas y educadas, acceden a dejarnos pasar la noche en el camping.

Es grande el esfuerzo que hay que hacer en esta época para pegarse un chapuzón en los siete lagos, pero a pesar de eso, nos damos un rapidísimo baño para poder quitarnos el sudor de encima.

Preparamos un poco de leña para hacer la cena y después de preparar un poco de aguacate con queso y echar unos choricitos al fuego es momento para ir a dormir.

Durante la mañana todos seguimos el mismo procedimiento, recoger las cosas de dormir, volver a guardar la tienda de campaña, calentar agua para el desayuno etc. Esa mañana tocan huevos revueltos y pan con dulce y galletitas. Aunque parezca mentira, nuestros desayunos suelen ser mucho más ligeros y sobre todo mucho mas económicos, pero aprovechando que durante este tramo somos muchos, nos hemos permitido el lujo de preparar un desayuno un poquito “especial”.

Todos dejamos preparadas nuestras cosas y al igual que el día anterior, justo en el momento en el que nos disponemos a salir, Nacho vuelve a tener un Dejavu. Ha vuelto a pinchar la rueda trasera. Pero esta vez, tenemos un problema mayor, la cámara se ha pinchado justo en la junta que da a la válvula y para repararlo tenemos que dedicar un poco más de tiempo. Decidimos cambiar la cámara por otras que llevamos guardadas por si acaso, pero nos damos cuenta que la boquilla de estas cámaras es más gorda que nuestras llantas que son de boquilla fina. En ese momento Nacho tiene que ir a donde Andrés, para que le preste la lima de afilar la cadena de la moto sierra, y así poder ampliar el hueco de la boquilla. De nuevo tras un par de horas, ¡Volvemos a la ruta!.

Son las 14:45 y estamos en ruta. Tenemos 35km hasta el Lago Villarino, otro de los maravillosos parajes de esta famosa ruta que nos encandila con sus paisajes de ensueño. Durante esta etapa, nos cruzamos con unos personajes un tanto peculiares. Son compañeros de trabajo que han decidido reservar su “fin de semana largo” de tres días para hacer unos kilómetros en sus bicicletas. Las cuales muchas de ellas, no tenían ni 24 horas. Para esta aventura, no se les ocurre otra que llevar un coche de asistencia con 50litros de cerveza artesanal y un chivo para comer los diez. Somos invitados a formar parte de su grupo ese día, pero a pesar de que nos cuesta muchísimo decir que no a semejante oferta, decidimos seguir el camino.

Tenemos una bajada espectacular en la que disfrutamos como enanos, proseguida de un puertito de 6km en subida con el sol pegando fuerte, todo va sobre ruedas. Los 5km restantes son en bajada hasta Villarino. Una vez llegados a este punto, el resto de la historia ya la sabéis…preparar todo el campamento, cenar y prepararse para pasar otra dura noche en nuestro pequeño globo del que ninguno estamos dispuestos a salir.

Al día siguiente, tenemos 50km hasta San Martin de los Andes y justo cuando estábamos levantando el campamento, llega una familia con la que entablamos conversación. Nos invitan a pasar por su casa, en Junín de los Andes y a su vez, nos regalan una parrilla para poder cocinar al fuego.

En esta etapa, hemos visto en nuestro mapa que vamos a tener un puerto “fuerte” el cual tendremos que hacer frente con el sol abrasando nuestras ideas. Pero lo bueno de subir un puerto ya sabéis lo que es; siempre hay bajada.

Tras unas cuanta horas de una interminable lucha contra uno mismo, terminamos de subir el puerto empapados en sudor y con una sed terrible incapaz de ser saciada con el agua caliente de nuestros botellines. De repente, nos volvemos a encontrar con los diez ciclistas del día anterior que descansaban de la subida a la sombrita y tomando esa cerveza artesanal que llevaban. Os podéis imaginar como salimos de esta parada… por momentos somos incapaces de sincronizar más de dos pedaleadas juntas y concentrarnos para no caernos.

Nos ha venido como anillo al dedo esta pasada por boxes para seguir la ruta. Ya solo nos queda dejar que nuestras bicicletas se deslicen suavemente por el asfalto y dejarnos caer hasta San Martin de los Andes.

Es largo el rato que nos pasamos buscando cobijo para esta noche y por fin conseguimos algo de información útil. Saliendo de S. Martín hacia Junín de los Andes, hay un camping de un hombre al que llaman “el loco” que nos puede dejar armar las tiendas de campaña sin pagar, porque como sabréis, intentamos llegar hasta Alaska y para ello tenemos que economizar al máximo nuestro día a día. Para cumplir este objetivo nos pusimos un requisito esencial, NUNCA pagar por dormir y así ahorrar.

Llegamos al camping pero el loco está durmiendo y no quiere que le molesten. Esperamos unas horas hasta que se despierte para comentarle que no tenemos dinero y que si nos deja quedarnos solamente a pasar la noche, pero viendo que no se despierta decidimos armar las tiendas sin hacer mucho ruido y despertarnos pronto por la mañana antes de que se de cuenta.

Al lado del camping, hay una cervecería llamada Breway y Paula, la camarera del lugar, nos invita a unas cervezas y nos deja cargar todos los equipos electrónicos que llevamos encima. Sin esperarlo, el cocinero, nos regala unas pre-pizzas y un poco de arroz para proseguir camino.

Por la mañana, creo recordar que nunca ninguno nos hemos despertado tan pronto y tan sigilosos. Recogemos todo rápidamente y nos vamos a la YPF de enfrente para desayunar y que el loco no nos vea. Hoy toca despedidas. Tanto Felipe como Nynke abandonan el barco y seguimos los cuatro fantásticos rumbo Alaska.

Tenemos 40 km por delante y estamos rodando a una media de 24km/h lo que hace que lleguemos a Junín de los Andes en una hora y media.

Como no tenemos dónde ir, recordamos que en el Lago Villarino, la familia que habíamos conocido, nos invita a pasar por su casa y sin pensárnoslo dos veces nos vamos directos.

Llegamos a la casa de Gabriela (Luli), Juan y los pequeños Astor y Constanza. Tras un saludo muy cariñoso, charlar, tomar mates, lavar nuestras ropas, ducharnos y compartir experiencias, nos invitan a pasar la noche en su casa y a cenar unas pizzas que va a cocinar Juan. Esa noche dormiremos calentitos y con la panza llena.

Por la mañana, puesto que Juan da clases en el instituto, nos organiza otra charla motivacional con los muchachos de Junín pero debido a un improvisto, se suspende la charla. Después de una calurosa despedida con la familia no nos queda otra que proseguir nuestra ruta.

Justo antes de salir de Junín, Gonzalo, se da cuenta que se le han partido unos radios de la rueda trasera y tenemos que parar para comprar unos nuevos y poder arreglar la rueda. No solo hay que cambiar los radios sino que también hay que enderezar la rueda y no sabemos como hacerlo correctamente. Llevamos tiempo intentándolo y no dejan de partirse más y más radios.

Son las dos de la tarde y por fin salimos hacia el paso Tromen por la base del volcán Lanin. Hace muchísimo viento y paramos a 21km, en la estancia del señor Berti. Un gaucho con más de 20.000 hectáreas de terreno y unas cuantas cabezas de ganado… aproximadamente 2000.

Nos da permiso para poner la tienda y pasamos la noche en el jardín de su casa.

Por la mañana, Berti, ensilla los caballos mientras Gonzalo y Nacho le sacan unas fotos en el establo. Y tras una breve conversación, nos invita a hacer un Safari por sus dominios.

Salimos a las diez. Nos explica su procedencia, la historia familiar, la pasión que tiene por sus vacas, toda su historia. Vamos en busca de ciervos rojos que tiene en sus terrenos. Él es un apasionado de la caza y quiere que experimentemos la sensación de cazar un ciervo con él. Encontramos una manada y observando con uno de tantos de sus prismáticos, nos comenta que hay un macho con la cornamenta vieja y pequeña y dice que es el ideal para matar. Reptamos por el césped y se pone a apuntar. Nacho y Gonzalo, agazapados se ponen a sacar fotos. Yo estoy grabando con la gopro y a Jordi le ha tocado la importante tarea de observar con los prismáticos los movimientos del animal. En el momento que el viento disminuye, Berti se concentra y dispara. La manada corre. Berti le dice a Jordi; –¿Lo ves correr? –. –Sí, se está escapando– dice Jordi. Pero él sabia que no podía haberse escapado porque el disparo había sido certero e insiste en que vuelva a mirar por los prismáticos. –¡Le has dado!. Lo puedo ver en el suelo– comenta Jordi eufórico.

Carneamos el ciervo. Saca un Colt del 22 y nos deja disparar a cada uno cinco disparos para probar qué se sentía.

Durante la tarde, damos otro paseo por sus condominios y recolectamos un poco de leña de Chacai para hacer un asado a la noche. Cenamos con él y su mujer Lola, un costillar de ternera y el solomillo del ciervo que había matado por la mañana. Tras un yogurt casero con la leche de las vacas y dulce de leche y unos chupitos de pampero aniversario, nos vamos a dormir calentitos.

Nos despertamos en casa de Berti, desayunamos con leche recién ordeñada de las vacas y empacamos todo y nos despedimos.

Vamos a cruzar la frontera por el parque nacional del Lanin hacia Chile. Tenemos 37km por delante pero el viento está en contra y nos hace ir un poco más despacio. Paramos a las dos y media en una parada de autobuses y preparamos un poco de ciervo que hacía sobrado del día anterior. Nos sabe a teta.

Seguimos pedaleando hasta que entramos en el parque del Lanin. Los últimos kilómetros de éste son de un ripio muy malo, al que hay que añadir que hace pocos días ha pasado la máquina y está muy difícil.

Antes de llegar a la frontera, paramos en un camping gratuito que hay cerca del guarda parques Argentino. Preparamos un arrocito con tomate y a las 9:20 ya estamos todos en el saco metidos.

Amanecemos a las nueve de la mañana en una de las noches mas frías hasta ahora. Desayunamos avena con manzanas y dulce de frutilla y le regalamos la avena que nos sobra a la guarda parques debido a la incertidumbre de pasar la aduana.

En la aduana todo va como la seda y en lugar de registrarnos hacemos buenas migas con los aduaneros, Karen y Dani, que nos piden el Instagram para seguirnos en nuestra aventura. Son las 12:30 y tenemos 76km, supuestamente de bajada. Hacemos las curvas de caracol en bajada y alcanzamos la friolera de 72km/h bajando. A las cinco y media, estamos llegando a Pucón, a la casa del primo de Gonzalo, Santi, que vive con su novia Mélodi y nos tienen guardada una habitación de su casa para que podamos dormir. Esa noche, ya que estamos en un lugar con cocina, preparamos unas pizzas para comer todos juntos y nos vamos a dormir.

 

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2018-03-05T03:55:59+00:00