Chile hacia el Sur.

Torres del Paine, Chile – Puerto Natales, Chile.

Una vez partimos de la “Estancia el manantial”, Nacho no se sentía muy bien de la tripa. Cada dos por tres teníamos que hacer una parada de evacuación, así que Edu y Simón iban un poco más adelante.

En una de esas paradas, cuando Nacho se disponía a retomar la ruta, se encuentra con que la bicicleta no avanza. La rueda trasera está bloqueada, es aquí cuando surge el primer problema con su portabultos trasero. Los dos tornillos que lo sujetan al cuadro de la bicicleta habían salido volando y el portabultos estaba apoyado en la rueda, Simón y Edu estaban aproximadamente, un kilometro por delante de él y no hacían caso a sus llamadas. Decidió desmontar todo, esconder las alforjas e ir en su búsqueda para ver como solucionábamos el problema.

Una vez nos reunimos todos, a Simón se le ocurrió que los tornillos de las punteras de los pedales, podían servir. Efectivamente, así fue, estábamos salvados. En mitad de aquel camino de ripio en el cual no se veía el fin y no pasaba ni un coche encontramos la solución. Aquí fue donde empezamos a dictar uno de nuestros mandamientos, “Todo tiene solución”.

Continuamos nuestro camino, desde aquí nos quedaban unos 30km hasta nuestra próxima parada, el puesto de vialidad de Tapi Aike.

 

Una vez llegamos, el cuidador del puesto nos indica donde podríamos poner nuestras tiendas. Mientras charlábamos con él, sale el tema de conversación sobre la pesca y nos cuenta que aquí al lado a unos 200m hay un riachuelo donde suelen salir truchas. No lo dudamos, y como Nacho viaja con su caña de pescar, cogimos los aparejos y allá fuimos a probar suerte. Cuando llegamos, no podíamos imaginar que en ese riachuelo (nunca mejor llamado) podía haber algún pez.  Para nuestra sorpresa, Simón avistó una trucha que saltaba, Nacho tiró rápidamente la caña donde la había visto y sorprendentemente la sacó!! Sería la única que veríamos…

Más tarde, cuando volvimos al puesto, nos encontramos con que habían traído un cordero. Los tres, con los ojos abiertos como platos, empezamos a hablar con los policías y acabamos cambiando la trucha por un poco de su cordero. No nos lo podíamos creer, sería el segundo asado que comeríamos en un día.

El cielo en esta parte de la Patagonia no dejan de sorprendernos, parece más grande de lo normal. Además de brindarnos noches estrelladas como esta.

Desde “Tapi Aike”, hay dos maneras de llegar hasta “Cerro Castillo, Chile”.  Se puede ir por la Ruta 40, que es todo asfalto o por la Ruta provincial 7, que es de ripio. Como no, os podéis imaginar cual cogimos… La Ruta provincial 7, es altamente recomendada por nosotros. Es una ruta bonita y fácil. Además al final, antes de llegar al puesto fronterizo, hay una larga bajada muy divertida.

En “Cerro castillo” nos habían comentado, que podíamos dormir en la parada de autobuses y que encima, había wifi. Fuimos directos para allá. El lugar está bien, atrás se pueden poner las tiendas de campaña, en los baños hay duchas y enchufes para poder cargar teléfonos, ordenadores, etc. Dando vueltas por el lugar, nos dimos cuenta que la sala de espera, tenía unos sofás de cuero preciosos, incluso TV.  La puerta estaba abierta así que decidimos pasar la noche ahí dentro.

En el camino varias personas nos habían contado que se podía entrar en el parque nacional de “Torres del paine”,sin pagar.  Así que esa era nuestra meta. Para conseguirlo, pasamos la noche 5km antes de la entrada. Exactamente en la “Laguna amarga”.  Si vais hasta el final de la playa, detrás de los arbustos, hay una explanada de hierba donde podéis echar la tienda de campaña sin que nadie os vea. Hay que tener cuidado que de no ser visto por los guarda bosques para que no te echen.

Al día siguiente, nos levantamos a las 5:30am para cruzar la entrada del parque antes de que abriesen. Nerviosos, como niños pequeños cometiendo una fechoría, cabalgamos nuestras bicis de noche para cruzar sin ser vistos la entrada del parque antes de que despertasen los guardas. Una vez entramos, nos echamos detrás de unos arbustos para esperar que hubiese un poco de movimiento en el parque sin levantar sospechas y poder ver este precioso amanecer.

Sabíamos que había una manera de acampar en el camping sin tener que pagar, teníamos que poner nuestras tiendas después de las 21:00 horas en el terreno y así no ser vistos. Por lo que teníamos que esperar hasta esta hora para poder hacerlo. Decidimos hacer el trekking hasta el mirador de las torres, nos daría el tiempo justo para subir y bajar a la hora necesaria.

Dejamos nuestras bicis candadas en el parking que hay antes de el comienzo para el trekking. Cogimos provisiones y tiramos para arriba. El trekking lleva hacerlo unas 8 horas, no es fácil ya que tiene subidas bastante empinadas, pero se puede hacer.  A nosotros nos llevó hacerlo 6 horas aproximadamente. No nos tocó el mejor tiempo del mundo, pero pudimos disfrutar de estas maravillosas vistas y sentir la gran energía que tiene este lugar disfrutando de su fauna.

Ya abajo, todavía hablando sobre la maravilla que acabábamos de presenciar, cogimos nuestras bicis y fuimos a la zona de acampada. Al día siguiente nos tocaba un día duro.

Después de una ducha en el camping, un buen desayuno y habiendo preparado todo lo necesario para partir, volvimos a la entrada del parque para tomar diferente rumbo y salir de él en dirección Puerto Natales.Para llegar, teníamos 139km. A la salida del parque nos esperaban largas y pronunciadas cuestas de ripio con el sol pegando fuerte.

Al fin conseguimos salir del parque por la Laguna del Toro y buscamos un sitio para poder echar las carpas. Habíamos hecho 63km y tras muchos cambios repentinos de lugares para poder dormir, acabamos acampando en la base de un mirador cercano a la carretera. Un lugar bastante malo (uno de los peores por el momento) con una cantidad tal de mosquitos que tuvimos que cubrirnos todo el cuerpo y la cara.

A la mañana siguiente, los restantes 76km, fueron por carretera y muy agradecidos. Llegamos a un hostal llamado Tyndal, donde pagamos por pasar la noche, poder usar un parrilla para hacer un asadito y así poder despedirnos de Edu, que terminaba su viaje con nosotros . 

En este hostal, conoceríamos a Nico y Caro, una pareja de cicloturistas con los que compartiríamos muchas aventuras más adelante. Ya desde Puerto Natales, compramos un pasaje de autobús para volver a El Calafate y así poder continuar con nuestro viaje rumbo Norte.

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2018-03-05T03:47:55+00:00