Rumbo Sur.

Calafate, Argentina – Torres del Paine, Chile.

Cuando empezamos a planear el viaje, no teníamos previsto ir hacia el Sur. Queríamos partir directamente desde El Calafate, Argentina, rumbo Norte pero no pudimos resistirnos a conocer Torres del Paine. Así que decidimos tomar la dirección contraria.

Tendríamos que hacer unas cuantas paradas en el camino ya que nos separaban 270km de Torres del Paine. Nuestro primer destino era “El cerrito” , un puesto de vialidad que conecta con una ruta de ripio que era la antigua Ruta 40. Hasta este puesto teníamos 98km, que tardamos en hacer 6:45hrs. Atravesando el puerto en subida de 12km de las curvas de Migues, el cual tardamos en hacer 3 horas. Al terminar el puerto habíamos recorrido dos tercios del trayecto.  No quedaba nada para nuestro destino pero este último tramo nos tocó hacerlo bajo el agua. Sacamos nuestro ponchos nuevos y nos los pusimos para enfrentar la lluvia. Más tarde nos daríamos cuenta de que no sirven para mucho en un viaje de estas características…

Ya en “El cerrito” Julián, el encargado del lugar, nos atendió amablemente y nos indicó donde podríamos dormir. Esa misma noche nos juntamos en ese lugar con 9 cicloturistas más, dispuestos a compartir sus aventuras.  Ellos iban en el sentido opuesto al nuestro.

En el punto que nos encontrábamos, podíamos escoger dos rutas diferentes. Podíamos continuar por la carretera de asfalto que veníamos, 140km o coger un atajo por la antigua Ruta 40 de ripio y ahorrarnos 70km. Todos los compañeros que nos encontramos esa noche nos comentaron que la carretera era muy dura y más, si había llovido el día anterior, que era el caso. Como buenos vascos, decidimos tomar la ruta de ripio. El primer kilómetro fue “llevadero” pero a medida que avanzábamos la carretera estaba más embarrada. Todo empezó a ir de mal en peor hasta el punto que, tuvimos que quitar los guardabarros de nuestras bicicletas porque las ruedas se quedaban trabadas. El barro era tan espeso que se metía en los cambios y no dejaba ni que engranase bien la cadena. Llegó tal punto, que ni empujando éramos capaces de mover la bici. Aquí fue cuando a Nacho le entro tal ataque de desesperación que apunto estuvo de darse media vuelta y tomar la ruta de asfalto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Era mediodía y solo habíamos podido recorrer 20km hasta la comisaría de policía que hay en la ruta donde conoceríamos a Marcelo. Gaucho guardián de la estancia “El manantial”, que se encuentra 14km más adelante y Fabian, el policía.

Fabian nos invitó a pasar adentro a tomar unos mates y nos dio un lugar para que pudiésemos comer algo y continuar con nuestra ruta. Casualmente, los amigos cicloturistas que habíamos conocido la noche anterior, nos habían contado que en mitad de la ruta había una estancia que cuidaba el gaucho Marcelo, y que podríamos quedarnos ahí. Hablamos con él y nos comentó que fuésemos a la estancia, que pasásemos y nos acomodásemos que él llegaría más tarde. Tras reponer fuerzas y reírnos un buen rato con Fabian y Marcelo seguimos adelante.

Al llegar a la estancia “El manantial” estaba Edu, un cicloturista catalán con el que pedalearíamos durante las siguientes dos semanas. Edu había salido desde Rio de Janeiro, Brasil y su destino final a bordo de su bicicleta era Ushuaia, Argentina. Nuestra intención era llegar a Torres del Paine, Chile y volver hacia el Norte pero hicimos una gran amistad con Edu y decidimos acompañarlo hasta Puerto natales, Chile.

Nuestro amigo catalán nos indicó donde podríamos instalarnos. Un pequeño galpón al lado de la casa principal nos daría cobijo esa noche. Tras cenar un poco de polenta y charlar un rato, nos acercamos a la casa de Marcelo, que había venido con Fabian de vuelta a tomar unos mates. Cabe decir, que en este tramo de 70km, uno de los peores ripios que nos hemos encontrado hasta el momento, los únicos dos habitantes son estos dos grandes personajes, Marcelo y Fabian. Ellos se han convertido en grandes amigos. Fabian, el policía, está apunto de jubilarse tras cumplir 25 años de servicio. Marcelo, por su lado para no quedarse completamente solo, ha decidido dejar su trabajo en la estancia para volver a su lugar de origen en Corrientes al Norte de Argentina. Como ambos iban a dejar el lugar pronto decidimos festejarlo, así que les propusimos hacer un asado al día siguiente.

Por la mañana, vemos como Marcelo ensilla su caballo lo monta y se pierde a lo lejos en las montañas en busca de lo que sería el asado de ese día. Ver a un gaucho como Marcelo montando su caballo con el cordero en su regazo ha sido una de las experiencias más especiales que hemos vivido hasta el momento en la Patagonia. Una experiencia inolvidable y que hace que queramos seguir viviendo de esta manera.

Esa misma tarde, con nuestras barrigas repletas partimos hacia Tapi Aike Argentina, con un nuevo miembro en el equipo, Edu.

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2018-03-05T03:48:33+00:00