Toma de contacto.

Jaizkibel, Donostia, San Sebastian, España.

Unos días antes;

Nacho: – Saimon, tienes que venir a Donosti. Ya tenemos todo el material y tenemos que probarlo.

Primera toma de contacto, subimos a Jaizkibel un monte en los alrededores de Donostia (San Sebastián). Un entorno en el que ambos nos movemos bien, puesto que nos hemos criado cerca. Pese a esto, no deja de recorrer por nuestro cuerpo cierta incertidumbre mezclada con una insaciable alegría que ambos experimentamos. Fue poner un pie en la bici y ya surgen las primeras carcajadas inesperadas.

Todo ocurre cuando estamos preparando las bicicletas después de haberlas recogido en el taller donde nos las habían dejado niqueladas!  Ultimamos los preparativos a todo correr para salir cuanto antes y por fin poder sentir esa sensación tan deseada. En casa, un batiburrillo de alforjas, esterillas, sacos, cocinas, cuchillos, mosquiteras, cuerdas y todo lo que creemos que nos será útil en esta aventura. Se había convertido en un improvisado campamento Scout. Son las 5 de la tarde y ya parece que nos encaminamos a la que será nuestra primera toma de contacto con nuestras compañeras de viaje (Ilargi eta Panotxa).

Ya listos, con todas las alforjas amarradas, los pesos equilibrados y todo preparado decidimos partir. Debido a un descontrol y una inestabilidad con las bicicletas que nunca habíamos experimentado, nos entra un ataque de risa difícil de camuflar. Este es el momento en el que nos damos cuenta de la magnitud del viaje que vamos a realizar y de cuanto lo hemos anhelado. Aquí comienza nuestra aventura.

Cuando partimos hacia Jaizkibel, todavía no había anochecido. Pronto caería la noche y tendríamos que hacer uso de nuestras linternas para afrontar la ascensión que nos esperaba.

Una vez llegados a nuestro destino, acampamos en una colina pegada al mar, donde se pueden observar perfectamente todos los buques que esperan para entrar a puerto y también varios barquitos pesqueros.

No estamos solos, junto a nuestro campamento, está durmiendo un rebaño de vacas que al llegar nos observan con cara de no entender que es lo que está pasando. Preparamos el campamento y mientras uno monta los útiles de cocina, el otro se encarga de recoger un poco de leña para encender una pequeña hoguera y unas piedras para utilizarlas como asiento.

Decidimos hacer arroz, ya que somos novatos con nuestra nueva cocina y  con los utensilios adquiridos, y no controlamos bien que temperatura es la correcta. Dicho esto, sobra decir que esa noche el menú fue un rico arrocito con chorizo y su respectivo socarrat (en realidad a Nacho se le quemó el arroz…) El resto de la noche fue impecable, hicimos una infusión y nos sentamos alrededor del fuego que habíamos preparado a comentar nuestro futuro viaje.

             

 

Para nuestra sorpresa, al rato se levantó una ligera tormenta que en poco tiempo se convirtió en un tormentón. Sobre las 5 de la mañana, Nacho se despierta húmedo, pero no debido a ningún sueño erótic, no. ¡Había entrado agua en la tienda! A partir de ese momento, todo empezó a ir de mal en peor. El viento amenazaba con arrancarnos la tienda de cuajo, la lluvia no cesaba. Así que decidimos que en cuanto la lluvia parase un poco, recogeríamos rápidamente y pondríamos rumbo de vuelta a casa. Y así fue, la pequeña tregua que nos dio el temporal la utilizamos para recoger todo y volver a casa  con el rabo entre las piernas.

En esta primera experiencia hemos aprendido varias cosas que nos serán de utilidad en el viaje a posteriori, pero la moraleja de esta historia es: 

“Busca un sitio resguardado del viento, las tempestades y déjate de tonterías de vistas bonitas…”

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2018-03-05T03:49:23+00:00