Una visita de un camarada.

De nuevo volvemos a amanecer bajo el cielo abierto, al abrigo de nuestros sacos y tiendas de campaña. Ha sido otra noche especial de esas que hacen que el dormir se convierta en uno de los pequeños placeres de la vida y nos motive a seguir más y más en esta nuestra aventura.

Son las nueve y media de la mañana y ya tenemos todo preparado y listo para partir. Vamos en dirección a Cobquecura y necesitamos llegar antes de las once de la mañana porque nos espera una visita muy especial, Taneli, un Finlandés que conocimos en El Bolsón con el que hicimos mucha amistad. Nos acompañará durante unas semanas de pedaleo, mientras compartimos experiencias, buenos momentos y muchas, muchas risas.

Taneli tiene 30 años y lleva los últimos tres años de su vida subido encima de su bicicleta de bikepacking. Para el que no lo sepa, hago una pequeña aclaración sobre qué significa este término. Como su nombre indica, bikepacking viene a ser algo como “bici empacado”, es decir, aprovechar la propia estructura de la bici para llevar las bolsas con el equipaje. Este tipo de cicloturismo, viene de Estados Unidos y Canadá, donde se empezó a utilizar ya hace unos cuantos años, para hacer rutas largas con bici de montaña. Así, solo con su bicicleta y desprovisto de cualquier tipo de ruta convencional ni de comodidades que ofrecen las ciudades, este loco amante de la bici lleva más de 35.000 kilómetros recorridos dónde ha visitado Europa, América, Asia e infinidad de países más, siempre por la montaña.

Por fin llegamos al lugar y nos encontramos con él. Estamos en Cobquecura y todo el mundo nos ha dicho que si pasamos por este lugar hay dos cosas que no podemos dejar de ver; una es la lobería de la playa. Una roca en medio de la playa donde se puede observar como los lobos marinos pasan la mayor parte del día descansando al sol. Y el otro lugar es Iglesia de piedra. Que es un islote cercano a la ciudad en la Región del Biobío, Chile. Posee una superficie de 250 hectáreas y está compuesto por tres roqueríos. Cuenta la historia que el 3 de Junio de 1981, el Ministerio de Educación declaró al islote santuario de la naturaleza. La población de lobos marinos, ha disminuido drásticamente en las últimas décadas. En 1982 se registraban 15.000 ejemplares mientras que en 2011 la cantidad de lobos marinos bajó a la irrisoria suma de 1659 ejemplares.

Tras la visita turística, proseguimos nuestro camino dirección Curanipe junto con Taneli.

Por el camino todos compartimos aventuras y el pedaleo se hace muy ameno puesto que recibir nuevas visitas, nuevas historias y un ambiente diferente y fresco hacen que las horas se conviertan en minutos.

Una vez en Curanipe, decidimos probar suerte en un camping municipal. Está cerrado al público por peligro de que caigan ramas al suelo. Todo el camping está dentro de un pinar antiguo con pinos de más de 30 metros de altura, pero tenemos suerte y encontramos un lugar apartado donde podemos pasar la noche. Conocemos a un grupo de jubilados que tiene un refugio en el camping, y tras charlar un rato con ellos, contarles nuestra historia y compartir un momento juntos, nos aparecen con una sopa de marisco, pan, agua y un montón de comida que no podemos si quiera acarrear con la bicicleta. Cerca del refugio, hay una casa donde vive una familia. Aparentemente la casa está tomada por ellos, según nos cuentan los jubilados no con muy buenas palabras. Pero sin conocernos de nada la misma familia nos invita a pasar un rato en su casa, para invitarnos a comer un arroz a la cubana para cada uno de nosotros. No contentos con eso, siendo ellos mariscadores, nos traen dos jaibas para que probemos. Las jaibas son crustáceos marinos que entran en las desembocaduras de los ríos y tienen un caparazón aplanado, patas y tenazas azules. Podemos decir por propia experiencia que están muy buenas!

Es el primer día que el Finlandés está con nosotros y él mismo se sorprende de la suerte que tenemos con la hospitalidad de la gente, allí donde vamos nos deleita con los mejores manjares que tienen a su disposición. Esa noche cenamos arroz caldoso de marisco y ensalada de tomate con jaiba. Todo un manjar para un cicloturista que está acostumbrado a que en su dieta abunden las lentejas y el arroz como plato principal.

Al día siguiente, vamos dirección a Chanco, donde hemos quedado a las 12h Chilena con Manu Sola, locutor del programa “El foco deportivo” en onda capital, que nos sigue de cerca en nuestra aventura desde hace ya tiempo y quiere hacernos una pequeña entrevista vía WhatsApp para poder retransmitirla después en su programa.

Proseguimos camino y llegamos hasta Pellines. Como estamos subiendo por toda la costa Chilena, en todos los pueblitos por los que pasamos hay faenadores que vienen de la mar y resulta que hablando con unos tipos de un barquito conseguimos que nos regalen unas cuantas merluzas para comer. Continuamos pedaleando hasta que llegamos a una arboleda de costa donde conseguimos un lugar maravilloso para pasar esa noche. Además tenemos en el menú un rico ceviche que hacemos con partes de las merluzas, pescadito frito a la leña y arroz con lentejas cortesía de Taneli. Hoy sumamos otros 60km a nuestras piernas y seguimos con mucha fuerza.

Cada vez, estamos mucho más cerca de Constitución, otra gran ciudad en la que tendremos que volver a experimentar el caos que conlleva la ciudad y sentirnos de nuevo desprotegidos ante la extraña sensación de estar rodeados de tanto movimiento.

Para llegar, tenemos cinco kilómetros en subida que son bastante sencillos, el resto del camino es todo plano y por último una bajada hasta nuestro destino.

A las doce de la mañana estamos ya haciendo la bajada. En primer lugar, están Taneli, Simón y Nacho bajando a una velocidad bastante considerada y más atrás vienen Gonzalo y Jordi. Lo primero que pasa cuando terminas la bajada es un badén un poco pronunciado en el que Taneli, motivado por el poco peso de su bicicleta y porque ésta se lo permite, hace un salto nada mas llegar al badén. Adelante nos espera un semáforo y debido a la felicidad que tiene en el cuerpo no se le ocurre otra cosa que clavar el freno de adelante de golpe y estamparse de morros contra el asfalto. En cuanto llegamos a su vera, nos damos cuenta de que se ha abierto la ceja y está sangrando a chorro. Se siente bastante mareado y entre los dos lo arrastramos hasta la acera sentándolo en la pared. Ha perdido un poco el conocimiento y quiere quitarse las gafas de sol que lleva puestas. No es consciente de que su ceja, partida por la mitad, está incrustada entre la montura y el cristal de la gafa. Cada vez que estira, la ceja vuelve como si de un muelle se tratase. En menos de un minuto, conseguimos parar a un autobús que pasa por el semáforo. Montamos al Finlandés y Nacho se va con él, directo al hospital mientras Simón se queda cuidando las bicicletas y esperando a los chicos que vienen mas atrás.

La espera se hace interminable y Jordi aprovecha para buscar un herrero que le haga una parrilla nueva puesto que sigue con la suya totalmente partida.

Por circunstancias del cicloturista, la misma persona que nos había conseguido anteriormente el contacto para que durmiésemos en Dichato, nos comenta que tiene a su tío viviendo a las afueras de Constitución y no tiene problema en venir a buscarnos al centro para llevarse la bicicleta de Taneli y a éste que viene del hospital con los puntos.

Aparece Jaime, un hombre muy amable que nos acoge en su chalet durante dos días, esperando a que Taneli se recupere y ofreciéndonos lavar nuestras ropas, wifi para poder trabajar y muy buenas conversaciones y comidas. Durante nuestra estancia en la casa de Jaime recibimos una buena y una mala noticia. La buena noticia es que la marca Salewa ha decidido colaborar con nuestro proyecto y nos van a mandar dos carpas nuevas. Y la mala noticia es que Gonzalo, nuestro fotógrafo, por motivos personales, decide abandonar 260litros para proseguir su aventura en solitario.

Es una noticia que nos entristece verdaderamente puesto que la relación que todos hemos forjado y el camino que estamos realizando no es el mismo sin la compañía y aporte de cada uno de los miembros. Pero es una decisión que tenemos que aceptar y respetar, deseamos la mejor de las rutas para el que ha sido sin duda, uno de los compañeros de viaje con el que más cosas hemos aprendido y el cual nos ha brindado momentos únicos. Por suerte para nosotros, todavía nos acompañará durante las próximas semanas en la ruta hasta llegar a Mendoza.

Al salir de la casa de Jaime y Lore, nos dirigimos a Pichibudi. Vamos bordeando toda la costa con un viento de cola que hace que pedaleemos a 22km/h sin hacer un mínimo esfuerzo. Por fin conseguimos llegar. Es un lugar de playa en el que se nota muchísimo la influencia pesquera y hay más de 150 barquitos en la playa esperando a salir a faenar porque hay marejada y no pueden moverse hasta el lunes.

Conseguimos un sitio a las afueras del pueblo, en un camping de un señor llamado Carlos. Hablando con él, nos ofrece quedarnos a pasar la noche sin pagar puesto que está fuera de temporada y le hemos caído bien. Son las 22:00 y hoy hemos pedaleado 50km.

Al salir de Pichibudi, la carretera se nos termina y comienzan 35km de ripio. Tenemos dos opciones. Una tiene cinco kilómetros menos en 300m de desnivel y la otra es más larga pero implica que la cuesta es mucho menos pronunciada. Como buenos vascos, elegimos la de los cinco kilómetros menos pero obviamente tenemos que empujar las bicicletas durante más de 45minutos, por un camino tan arenoso e inclinado que nos obliga a tener que empujar una bicicleta entre dos personas hasta el final de la subida y volver a bajar de nuevo para empujar de nuevo la siguiente. El entorno es totalmente salvaje con muchísima vegetación y además no pasan muchos coches. Llegamos a la conclusión de que es un camino bastante bonito a la par que difícil.

Tras pasar por Boyecura, paramos a pedir un poquito de agua en casa de una familia que se dedica a cuidar una estancia con animales. Estos nos invitan a pasar dentro y a tomar algo antes de proseguir el camino. Ya solo nos quedan 8km hasta llegar a Bucalemu, nuestro destino de hoy y para nuestra suerte el ripio se ha terminado y lo que nos queda es un camino bastante sencillo de asfalto. Tras llegar, ocurre la misma magia que nos lleva acompañando desde que comenzamos nuestro camino. Hablamos con la persona adecuada y acabamos durmiendo en un camping privado que está cerrado por no ser temporada pero que nos abre sus puertas para que disfrutemos de la noche.

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2018-03-05T04:18:37+00:00