Y por fin nos vamos de El bolson, Argentina!

Hoy, después de casi medio año parados en El Bolsón, partimos de nuevo rumbo Norte.

Han sido infinidad de momentos los que hemos vivido y gente con la que nos hemos cruzado a la que nunca jamás podremos olvidar. También, nos llevamos una magnifica experiencia en uno de los inviernos mas fríos en veinte años en la Patagonia y muchas otras cosas que son difíciles de describir con palabras. Pero como lo nuestro es la bicicleta y el día a día, prosigamos con nuestra aventura.

Es 6 de Octubre y debido al mal tiempo que ha hecho estos días se nos ha retrasado bastante la salida. Pero hoy, después de tanto anhelarlo, por fin salimos del Bolsón. Partimos rumbo a Bariloche, un lugar bastante conocido por sus pistas de esquí.

Nuestra idea principal es llegar al paso Mamuil malal, en el volcán Lanin y así poder acceder a Chile.

Antes de partir, quedamos con muchos amigos que hemos ido añadiendo a nuestra lista de contactos juntando a todos en la plaza principal para poder despedirnos. Es una despedida un tanto agridulce debido a que tenemos una insaciable sensación de necesitar volver a estar en la ruta pero a su vez se mezcla con la tristeza de dejar a gente que queremos en el camino.

Son las 11:30 y después de muchas despedidas, unas cuantas lagrimas y muchos abrazos, nos despedimos.

En esta ocasión, se nos añaden dos grandes camaradas a nuestro trayecto, Miguel (con el cual pedaleamos la carretera Austral) y Nahuel, este último, amigo del Bolsón.

Como andamos bastante espesos en esto de pedalear, hemos decidido hacer solamente 60km el primer día y parar a la altura del Rio Villegas, en el Valle del Manso.

Todo va sobre ruedas en los primeros veinte kilómetros, hasta que sin explicación alguna, la cubierta trasera de Nacho se hace mierda y tenemos que cambiarla.

Seguimos nuestro camino entre risas y charleta cuando de repente vemos un camión volcado en la carretera. Resulta que es un Chileno que ha entrado fuerte en una curva y al tener que frenar de golpe, volcó el camión con la carga. Cuando nos asomamos a la cabina del camión totalmente dada vuelta, resulta que una voz nos habla desde dentro.

¡ El hombre lleva 3 días durmiendo dentro del camión esperando a los refuerzos y con miedo a que no se llevaran la carga! Asombrados le preguntamos ¿Y que lleva señor en el camión? Sin pensárselo ni un segundo nos dice; Cartón!

Todos nos quedamos boquiabiertos con ese pobre hombre, con el brazo hecho trizas por los cristales y la oreja medio partida, llevando tantos días haciendo vida ahí para que no le robasen su preciado cartón.

Por fin, llegamos al rio y tras montar las carpas y hacer un fueguito, cenamos una pasta con tomate y una cervecita artesanal que teníamos guardada. “Que ganas teníamos de volver a comer comida cicloturista”.

Por la mañana nos despedimos de Miguel y Nahuel y proseguimos camino. Tenemos un puerto de 12km por delante y aunque la subida no es muy empinada, es bastante intenso.

Después de llevar un tiempo sin pedalear nos lleva la friolera de dos horas terminar el puerto. Lo bueno de subir montañas es que siempre te encuentras con bajadas y efectivamente, ésta no es otra que una bajada de otros 10 kilómetros.

Tras pedalear y pedalear, llegamos a la altura del lago de Villa Mascardi. Ese día no tenemos dónde dormir y encontramos un lugar un poco a la desesperada. Es una zona bastante mala en la que apenas entran dos tiendas de campaña juntas, pero cuando menos lo esperamos aparece una señora llamada Noemí que nos brinda la oportunidad de pasar la noche en una casa del obispado que tiene capacidad para albergar a más de 100 personas.

Instalamos todo nuestro campamento y después de charlar un rato con ella, nos sorprende con una ensalada de patatas con lechuga, pancito con chimichurri, pasta con tomate, galletas, zumo y macedonia. Todo un privilegio. Cenamos y hablamos un rato a la vera de la fogata para posteriormente meternos en nuestra suite del hotel que tenemos por carpa.

Al día siguiente, tras desayunar con Noemí y despedirnos, nos volvemos a la ruta. Ya estamos cada vez más cerca de Bariloche. Exactamente tenemos solamente 39km hasta la “casa ciclista”, lugar que desconocemos pero nos han hablado de él y tenemos interés por ver qué tal es. Una vez llegados a Bariloche, nos sumergimos en sus calles y su tráfico y nos sentimos un poco desprotegidos. Es la primera vez que llegamos a un lugar tan poblado y no tenemos ni idea de por dónde nos pega el viento.

Tras perdernos un par de veces y una cuesta interminable, conseguimos llegar a esta misteriosa casa ciclista regentada por un hombre que se hace llamar Coco.

Coco no está en casa y nos toca esperar sentados fuera, esperando a que venga. La primera en aparecer es Jimena, la novia de Coco y después de hacer las debidas presentaciones nos invita a pasar. No tarda mucho en llegar el susodicho y cuando descubre que somos dos Vascos los que llegamos a su casa, amante el del País Vasco, sobran las palabras.

Nuestro lugar esa noche será un Domo que está construyendo para poder meter a todos los cicloturistas que pasan por Bariloche. Coco apasionado de la bicicleta acoge a todos los ciclistas que llegan a su casa y comparte su vida con todos para así poder estar en armonía.

Más tarde llegan a la casa otros tres cicloturistas. Sebastián, un alemán loco que viaja con la bicicleta más pesada vista hasta ahora, Felipe, brasileño con el que más adelante compartiremos aventura y un Checo del cual, no me acuerdo de su nombre. Todos juntos cenamos con la familia de Coco y como agradecimiento hacemos una tortilla de patatas para compartir culturas.

Nuestra idea no es la de quedarnos en los sitios mucho tiempo, pero debido al calor acogedor de la gente y a los buenos momentos, pasamos un día más en la casa ciclista. Lo dedicamos a trabajar en las redes sociales, lavar ropa, hacer compras y compartir aventuras. Bien entrada la tarde, Nehuen, hijo de Jimena, nos organiza una charla motivacional en su instituto para el día siguiente, así al final nos quedaremos dos días más de lo planeado.

A las 9:30 estamos llegando al instituto en la camioneta de coco con una bicicleta montada.

Llegamos al recreo de los niños y hacemos las presentaciones. Al principio los chavales están a su rollo y no nos hacen mucho caso, pero en cuanto les retamos a que si levantan la bicicleta les regalamos una sudadera, la cosa cambia radical. A partir de ese momento todo va muy fluido y acabamos dando no solo una, sino dos charlas.

Esa misma tarde, recibiremos una visita inesperada de unas amigas del Bolsón y lo pasamos recordando momentos y tomando unas cervezas.

Al día siguiente, salimos rumbo a los 7 Lagos, y como el viaje cicloturista es tan inesperado se nos suma Felipe, el Brasileño que estaba en la casa de Coco. No contentos con eso, nos cuenta que a esta etapa también se va a sumar Nynke, una holandesa que viaja con la mochila pero que ha decidido hacer un pequeño tramo del viaje con una bici alquilada.

Pedaleamos hacia Villa La angostura durante 52km y por fin acampamos en el lago Nahuel Huapi, a las 6 de la tarde. Ese día toca bañarse en el lago y organizar las bicicletas que vienen sufriendo un poco debido a tanto parón invernal.

Salimos a las 11 de la mañana. Tenemos 30km hasta llegar a Villa La angostura, el camino ha sido muy plano y bastante liviano. Toda la ruta de asfalto.

Paramos en el dique de Puerto Manzano para tomar unos mates, remojarnos un poco los pies y la cabeza porque está pegando mucho calor. Solamente quedan 5km. Al llegar, paramos para hacer unas compras y aprovechamos en las fruterías, verdulerías y lugares que creemos oportunos para hacer lo que nosotros denominamos como “reciclaje”. Es decir, pedir en estos lugares comida que no pueden vender porque no tiene buen estado aparentemente para la venta, pero que se puede consumir perfectamente. Nuestra intención es seguir pedaleando un poquito más ese día, pero a la salida del pueblo, concretamente a 4km en el rio correntoso, hay un lugar magnifico en el que Felipe había estado anteriormente y decidimos pasar la noche. Este rio, es uno de los ríos mas cortos de todo el mundo. Como en el rio hay mucha trucha, decidimos probar suerte a ver si suena la flauta y ¡Bingo!, tenemos una trucha para cenar esa misma noche. La pasamos alrededor del fuego y en buena compañía.

Después de una semana pedaleando y dos amigos nuevos en la ruta, nos encaminamos hacia la famosísima ruta de los 7 lagos.

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2018-03-05T03:59:49+00:00